¿NECESITA MI HIJO TERAPIA DE LENGUAJE?

Si detectamos que uno de nuestros pequeños se está “tardando en hablar” y, detectamos que nos pone poca atención. Parece que sólo escucha “lo que le conviene”, hace berrinches, parece no entender razones, no controla sus impulsos, se le dificulta jugar con otros niños o simplemente se aísla, entonces lo más probable es que estemos ante un niño que requiere mejorar en su desarrollo neurológico.
En este artículo hablaremos de niños pequeños que presentan un retardo en el lenguaje por inmadurez neurológica. Excluyendo aquellos que presentan fallas neurológicas severas o problemas auditivos. En el tipo de problema que ahora nos ocupa, los niños no presentan un problema de sordera en ningún grado. De hecho en muchas ocasiones cuando los padres, pediatras, maestras en la guardería o Jardín, etc. Comienzan a preocuparse por el retardo de lenguaje, lo primero que piden es una valoración audiológica. Al realizarse esta, normalmente se descarta este problema. Desde nuestro punto de vista, el resultado es de esperarse, ya que normalmente atienden a ciertas cosas y responden a diferentes sonidos, aunque la mayoría de las veces, parece que no escuchan. La realidad es que si oyen, lo que realmente pasa es que se les dificulta poner atención, y sólo lo logran cuando hay un factor de motivación que lo facilita. Presentan por tanto, una deficiencia en la capacidad de focalizar su atención visual y auditivamente por falta de madurez en los sistemas que nuestro cerebro desarrolla para captar, integrar, discriminar y seleccionar la información que nos llega por los sentidos. A esto se le llama integración sensorial. Por tanto, en estos niños no tenemos un problema de audición, sino de atención e interpretación auditiva y sensorial en general. En el caso de la visión por ejemplo, podemos observar que les cuesta mantenernos la mirada por más de unos segundo.
Por otra parte estos pequeños, a demás del retardo de la aparición del lenguaje, encontramos síntomas de inmadurez en el desarrollo, como falta de tono muscular, sin que esta llegue a ser severa. Dicho coloquialmente, son niños un poco “aguaditos”. Pueden presentar por esta razón, pie plano, poca capacidad de gesticulación en su cara, deficiencias en la motricidad fina, pobre equilibrio, etc.

Otro síntoma puede ser la falta de coordinación motora gruesa y, aunque pueden ser niños muy kinestésicos, esto es, que se mueven mucho, e incluso pueden ser trepadores y “correlones”, sueles ser poco coordinados, fallar en su equilibrio, brincos sin consistencia, como “un costal de papas” etc.
Suelen ser niños con falta de autodomino, que no entienden razones y presentan berrinches prolongados.
Como vemos, estamos hablando de un niño con retardo de lenguaje cuya causa es la inmadurez neurológica. Estos pequeños avanzan mucho y salen adelante, con un tratamiento adecuado. Sin embargo esta terapia debe centrarse en estimular la madurez neurológica de la etapa entre cero y tres años. No será suficiente, en estos casos, acudir sólo a la terapia de lenguaje tradicional, la cual es adecuada a las fallas de articulación o disartria. Es importante trabajar el desarrollo motor y sensorial, junto al lenguaje comprensivo y expresivo. De hecho en algunas ocasiones, al dar a uno de estos pequeños un tratamiento de integración auditiva, inmediatamente se “sueltan hablando”, sin necesidad de dar terapia del habla.
Cabe el peligro también, de creer que se han retrasado en el habla porque les adivinamos las cosas. Ciertamente hay niños sobreprotegidos y mal educados y con carencias en su estimulación, sin embargo, en el caso que nos ocupa, la causa es la falta de conexiones neurológicas. Hemos constatado infinidad de ocasiones, que mediante los programas de neuroestimulación, los niños avanzan inmediatamente en su lenguaje, y es muy claro ver como en cuanto van pudiendo hablar, ellos prefieren decir las cosas, que esperar a que se las adivinen. A demás, algunos padres comienzan a no darles lo que piden a señas, hasta que digan las palabras, cuando el habla no es una cuestión de voluntad, sino de organización neurofuncional. Conexiones que están o no están y que no se establecen de un día para otro, sino mediante un proceso que puede ser más rápido o más lento, dependiendo del potencial neurológico de cada niño y de los estímulos externos o ambiente. Es por esto, que cuando un ambiente rico en estímulos, no es suficiente, se vuelve necesario estimular al niño con las terapias adecuadas. De esta manera no sólo logramos que aparezca el habla, sino también una conducta más madura del niño, mayor autodomino, mejoras en su capacidad de socialización, seguimiento de instrucciones y en general una capacidad de comunicación acorde a su edad.
Es muy importante detectar este problema a tiempo y, no quedarnos con el consejo de que todos los niños son diferentes y cada uno tiene su tiempo, ya que normalmente estos pequeños, son los que después tiene problemas cuando inician su primaria, sino es que antes, ya que presentan déficit de atención, problemas en su lectura y otras habilidades escolares y, normalmente ya no están con los padres y con el niños, aquellas personas que les dijeron que esperaran. Recordemos que leer es una forma del lenguaje la cual requiere de una buena madurez de las etapas anteriores, ya que se basa en ellas y en conexiones cada vez más complejas.
Concluyendo, podemos decir que dar importancia al desarrollo neurológico de nuestros niños, desde los primeros años, sentará las bases para que accedan con éxito a las siguientes etapas de su formación intelectual y emocional.